La obra maestra fue, por supuesto, Puerto Banús, un puerto deportivo realizado a una escala nunca antes concebida, con un conjunto residencial de estilo mediterráneo. Fue oficialmente inaugurado en Mayo de 1.970, y en el mes de agosto de ese año, Banús organizó una fiesta para presentar a su «bebé» al mundo. La fiesta fue una demostración del nivel en el que Don José operaba. Los 1.700 invitados incluían el Aga Khan, el director de cine Roman Polanski, el dueño de Play Boy Hugh Heffner, el Doctor Christian Barnard (pionero en trasplantes de corazón) y el Príncipe Rainiero y la Princesa Gracia de Mónaco. Un todavía muy joven Julio Iglesias fue el encargado de dar un concierto a los invitados, por la desorbitante (en aquel entonces) cifra de 125.000 pesetas (751 euros). Cuentan que Julio se ganó la paga a pulso, ya que desde la primera hora de la mañana estuvo ensayando bajo un sol de justicia.

En total la fiesta le costó a Banús ocho millones de pesetas (48.080 euros), incluyendo la contratación desde Sevilla de un ejercito de más de 300 camareros y el servicio de 30 libras de caviar despachados por vía aérea.

Desde entonces Puerto Banús ha sido una parada obligatoria para las celebridades y aristocracia de paso. La Familia Real de Arabia del Sur y el multimillonario árabe Adnan Khassogi han estado entre aquellos que periódicamente amarraban sus yates en el puerto, que dispone de nueve atraques para los yates con más de 50 metros de eslora.
La capacidad total del puerto es de 915 barcos de todos los tamaños, lo que lo convierte en uno de los mayores puertos deportivos del Mediterráneo y uno de los más codiciados, con una ocupación del 78%, aunque una antigua anécdota nos cuenta que los barcos casi nunca dejan el Puerto.

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